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La vida ingrata


A veces de lata, otras de no escuchar, la vida puede ser ingrata. Porque, en rigor, los agradecimientos pesan poco de palabra, mas son cimientos cuando actos. Críticas raquíticas vienen y van, dimes y diretes que no miden veneno, al tiempo que pinchan como mosquete, cortan el aire. En Zaire o en Constitución, la falta de reconocimiento desayuna decepción y almuerza indiferencia. Un poco hago referencia a una cacería cobarde de valentía y no te miento si describo un agotamiento en las ganas de seguir. Hay sabios que ignoran, hay resabios de ayer y quizás más de la cuenta por pagar. Las peores deudas son con uno mismo. Los reproches, noches sin poder dormir. El cansancio de no lograr sueños también sabe a ingratitud. Los temerarios no tienen horarios y los temerosos ayunan valor. Mientras, en el fragor de la batalla mueren, anónimos, muchos con mérito pero sin medalla. La propina es consuetudinaria y también una evaluación. Y en ese bar, de las distinciones tacañas, un sifón le pidió silencio a ciertas lenguas no buenas que maltratan vidas ajenas.


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Calle, bocacalle

En la bocacalle de la vida hay que decidir todos los días, a toda hora, en cada momento. Algunas cosas son fáciles y otras no. Las difíciles cuestan más, las otras no, son casi automáticas: están internalizadas. Pero hay veces que el cansancio de vivir pone difíciles las fáciles y uno tiene rendiciones parciales. Pequeñas derrotas pasajeras. Cuando estamos cansados aparecen lomos de burro que no figuran en el mapa de lo cotidiano. Cayó la noche y callo a mi bocacalle peor: la encrucijada de la incertidumbre que merodea otra vez mi barrio. Estoy con poca luz interior y se cortó el suministro. La vida va más liviana sin su ministro de relaciones exteriores. La vida es norte-sur, centro o periferia; si ya dijo Dios que los tibios serán vomitados incluso. El brío del equilibrio no es para cualquiera. Los desocupados de Berni ahí están, casi condenados, en su lúgubre manifestación. ¿Cuál es el precio de pertenecer? ¿Cuánto paga ser un outsider..? La inteligencia artificial no va a reemplazar el café de la esquina, ni sus ruidos, ni sus rituales, como tampoco los ruines infortunios que a veces hacen eco en sus pocillos. Pero siempre hay que tener fe. En uno y también en los demás. De nuevo en la bocacalle, resonó el estoico mensaje del sobrecito de azúcar: no hay viento favorable para el que no sabe adónde va.




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Sábado de lluvia


 




Aburrido y sin ruido. Al amparo de un faro y su luz, empero el sábado me pone un pero. Estaba entre la pared o la espada e hice mi jugada. Nunca me salió blindarme y rezarle a una Jesucrypto. Entre el ahorro y el horror, le escapo al calor y prendo un porro. ¿Quién colabora cuando uno se cansa de ayudar..? En la caravana de la soledad no encontré a nadie. Queda la búsqueda en bus, porque el autoconocimiento se mueve en coche. La noche es el día a la sombra y el Salmón te canta verdades crudas. Yo paso del sushi. Fui y volví con las canciones: maduraron las letras y se pasó la sopa. Entre alergia y alegría llega la primavera. Si hay fotosíntesis hay video. Y entonces también hay sol. Pienso que estoy con poco foco y una suerte de muerte. Pasó una semana y el clima verifica el título, pero el rótulo de los males personales sigue en la mochila del alma, que viaja sin mapa ni calma. Pero uno va al choque y discute a los gritos con sus sueños, en esa postergación del yo que procrastina más que la deuda externa argentina. Que nunca falten las metas en servilletas. Porque a fin de cuentas, aunque el número no cierre, siempre van a estar los amigos, el fútbol y los perros.


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Razones

 

Los padres no siempre tienen razón, pero sí varias razones. Hay marcas del pasado y motivos para el futuro que dejan un presente de interpretación y tránsito lento. Se vive el momento y se posterga el propósito. Cito aquí al pensador Homero: no se puede “rockear” por siempre, maestro. Cuando la tormenta es larga, uno sigue la huella, la abraza: ¿Pero porque el camino es bueno o mayor seguridad? Y en sequía, sin ese rastro… ¿Vamos con más convicción? ¿Extrañamos? Sí. ¿Pero el dibujo en el piso..? No sé. Hay padres que nos enseñaron a manejar: con palanca al volante, con paciencia, palanca al piso, con gritos, sin levantar la voz, como pudieron. La docencia no es moco de pavo. Ya ni sé si hay más autos que padres a la fecha. Algunos hasta armaron el vehículo con sus hijos; ahí ya sin importar los kilómetros, las prestaciones y qué sé yo, aparecieron unas mañas más duraderas. A veces los trucos para vivir hacen la diferencia. A veces no, me animo a decir que casi siempre. Porque cuando te enseñaron muy bien a andar por el barro, seas 4x4 o 2+2, las tormentas ya son mucho más relativas, casi pintorescas. La transmisión de conocimiento puede venir en frasco de repetición incansable, a fuerza de tomas diarias, ó, también, en un tratamiento presentado, conversado, pactado y dosificado en magníficos encuentros. Creo que ninguno es mejor que el otro, por aquello de las razones. Hay rituales, hay ceremonias, hay rutinas, hay detalles, hay gestos, miradas, sonidos, colores, olores y un sinfín de guiños para que cada quien, a su modo, recuerde a su primer maestro. 





 

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Vino

Vino el vino y nos fuimos con mi cabeza. Una copa y otra. Es mucha la gente que uno se topa y poca la que rescata. Meta cata para querer salvarse. Pensé un naufragio pero no lo anoté y me olvidé. Imaginé una charla de mate, pero me explota el balero y, en el juego, la soga tropezó con la realidad. Cayeron la gota color tinto y la ficha de un dolor distinto. Las historias de la red social nunca terminan, es agotador. El mozo retiró los individuales y el malbec invitó plurales. Pido disculpas por mi cariño severo, me esmero pero no siempre llego. También pido otra botella y brindo por un rato de eternidad. Quizás un propósito es el propio sitio. Tal vez tu norte queda al sur y es un despojo. Sé que mi enojo es siempre efímero, un estornudo de ansiedad, un espasmo de histeria, casi nunca miseria. Se fue el vino y volvió mi cabeza abstemia. Temía que pasara y sucedió. Llegó la cuenta y el vuelto de vida me dejó saldo a favor. Husmeó la muerte con fervor, pero propina en mano dijo hasta luego apurando un saludo con su sombrero. Más dejó una sentencia de vida: “a veces no quedan más veces”. 


QEPD


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…Y LA VIDA

Otra vez en el viaje de vivir salgo a la ruta. Compañía 7 estrellas, vacaciones pagas y descanso híbrido all insclusive. Radio Continental, desayuno a la altura y piletas para ir y venir en largos sanadores. Todo a nivel del mar, del mal y amor. En el fondo estamos solos, en un desierto de gente. Entre mates y metas, me propuse correr. Fallé olímpicamente y no me dieron medalla. Pero también propuse correrme y ahí sí gané, pero tampoco me dieron medalla. Compré unas lecturas de esas rápidas de playa en mesas con caballetes a precio módico. Lo cómico es que acopio y luego leo al 23 por ciento. Pero siento que leí. Y lo que perfectamente capté, o sea leí entre líneas como se dice, fue que el corte de luz se llevó la señal de internet pero dejó una más contundente: desenchufarse, hacer un corte y reciclarse energéticamente.


La escala fue Dolores, en la paradoja de alivianar todo lo que nos dejó doliendo el año de la segunda docena. Prueba superada. Y el cuentakilómetros siguió envejeciendo mas nos trajo a un fabuloso bosque de majestuosa altura y seductora luz. Con más o menos monedas en el bolsillo, las vacaciones siempre son una aventura que amerita ser contada y vivida al máximo. 


La segunda señal la trajo el mar en un revolcón de ola mal cortada. Me parece una obviedad y un desafío por partes iguales: lo que me pasa mucho es que el Cuqui de toda la vida tiene 43 años y el Cuqui papá sólo 3… entonces discuten un montón, con Emilia en el medio, que cree que el tema es con ella y no. Y es inaudito pero abriendo la puerta de las vacaciones dibujé un cv porque se vé que el tema me interesó así que voy a aplicar para esa búsqueda. 


En lo que a todo lo demás respecta, la sensación es que me quedé en Pampa y la vida.



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Un lugar

Me recordaron o me acordé, no sé… o lo volví a ver en tercera persona, pero muy de cerca. Porque, claro, pasan los años y uno ya no puede volver. Ese lugar está asociado a un momento de la vida y después ya no más, como tantas otras cosas. Pero por suerte lo pude ver de nuevo, con alegría y mal humor, desde el gusto y la queja, pero procurando que sea confortable para la visita de turno. Ojo hay gente que nunca necesitó morar transitoriamente ahí, o simplemente no se lo permitieron, o directamente no tuvo tal lugar. Ese espacio que en invierno es caliente y en verano fresco. Que casi siempre es acotado pero a uno le alcanza. Es un sitio que no sé si ya descubrieron pero se replica por miles en casi todos los países del mundo que conocemos. Con alguna salvedad cultural, supongo, pero que nunca sale mal. Porque cuando uno está en la oscuridad y siente que hay monstruos vigilándolo o siguiendo, o simplemente camina con una mochila de miedos propios de lo desconocido, llegar a ese lugar de seguridad, de total calidez y comprensión, es la felicidad. Ese lugar es todo. Es la salvación completa. Animarse a cruzar el living, la sala, o la frontera que cada uno tenga, corriendo y meterse en la cama de mamá y papá es un destino 6 estrellas que todos deberíamos poder tener.





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Amnesia necia


La verdad es que te mentí. Estaba soñando y me dormí. Y después pensé en lo de antes, porque parecía experto en cosas de principiante. Puse blanco sobre negro y no supe trepar bien esa escalada de grises. Con mucho generé poco. Naturalmente, quedé preso de un zumbido artificial, de pensamientos que razonaban mal. Y bien, nos perdimos en el laberinto de los espejos que reflejan las excusas distorsionadas. Entendí que ganamos un vuelo a la tierra del Nunca Jamás, pero era sin equipaje…
  y falso. Nos quedamos charlando con conversaciones vacías y buscando llenar el tanque con ganas. Pero eran enanas. También las ambiciones, cuanto el futuro. Tratamos de meditar, pero no había silencio y acordamos un trato: recordar lo sano para curar lo enfermo. Ay qué amnesia necia… Finalmente, dimos con una lista vieja de objetivos nuevos, que incumplimos y tachamos, junto al mapa de lo que deseábamos para el año nuevo, que se desdibujó por inconstante y despistado. Firmamos al pie, sellamos con compromiso y brindamos con un adiós, para explorar la soledad y saber qué necesitábamos más, de cara al mañana, pero de espaldas a los demás. 





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Los ojos

UN news


El acto de observar es griego. La comedia es divina y los anfiteatros que fueron de piedra, luego devinieron en tablas y empataron jugando al ajedrez, pero no patearon penales. La acción de mirar quiere que le devuelvan una pared y no pegársela de frente en la frente; así es seducir… pero quizás no. Espiar es francés: me lo dijo un tal Pierre que era medio fisgón, atrevido, poco observador e hijo de inmigrantes. Leer es un acto cultural y muy exclusivo, sólo para alfabetizados. Los ojos de lince son de los mejores. Los de búho, en cambio, como que hacen alarde, pero se quedan ahí. La pandemia puso al lenguaje de la mirada otra vez en lo más alto de la comunicación mundial, casi mass media. Casi más me saco un ojo el otro día en Chivilcoy, pero era un secreto a voces, atrás de un barbijo. Cuando hablamos con los ojos es más difícil mentir. Aparte siempre nos vemos en los ojos de los demás, es imposible escapar a ello; salvo cuando ciegos o no hay luz. También es imposible escapar a ellos, a los otros. La comida entra por los ojos, pero las personas también. Un poco. En el ojo por ojo, gana el dentista. No son pocos los ojos llorosos, morosos, con dolor. Porque dicen que el corazón siente por los ojos que ven. En un cruce de miradas, casi siempre doblé en la calle sin salida por mirar mal.
 


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Apreciar

En el arte de escribir, no sé leer. A la hora de partir, tampoco despedirme. Las cuentas me salen mal y los rezos bien. Comulgo poco con la gente en general y también en particular. Aprendí a puro raciocinio a dar la razón, a soltarla. La escalada es mejor como desafío que como rutina de discusión. La batalla ganada cansa igual que la perdida. El broche del día es la noche. Si todo pasa, vos también. Si todo pesa, vos más. Si todos posan, qué bodrio. Vidrio soplado es casi botella, pero no fácil. Lo barato sale menos. Menospreciar cuesta caro, eso sí. A veces no te podés aguantar. Hoy tuve ganas de escribir… y leí.