Sábado de lluvia


 




Aburrido y sin ruido. Al amparo de un faro y su luz, empero el sábado me pone un pero. Estaba entre la pared o la espada e hice mi jugada. Nunca me salió blindarme y rezarle a una Jesucrypto. Entre el ahorro y el horror, le escapo al calor y prendo un porro. ¿Quién colabora cuando uno se cansa de ayudar..? En la caravana de la soledad no encontré a nadie. Queda la búsqueda en bus, porque el autoconocimiento se mueve en coche. La noche es el día a la sombra y el Salmón te canta verdades crudas. Yo paso del sushi. Fui y volví con las canciones: maduraron las letras y se pasó la sopa. Entre alergia y alegría llega la primavera. Si hay fotosíntesis hay video. Y entonces también hay sol. Pienso que estoy con poco foco y una suerte de muerte. Pasó una semana y el clima verifica el título, pero el rótulo de los males personales sigue en la mochila del alma, que viaja sin mapa ni calma. Pero uno va al choque y discute a los gritos con sus sueños, en esa postergación del yo que procrastina más que la deuda externa argentina. Que nunca falten las metas en servilletas. Porque a fin de cuentas, aunque el número no cierre, siempre van a estar los amigos, el fútbol y los perros.


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