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Vino

Vino el vino y nos fuimos con mi cabeza. Una copa y otra. Es mucha la gente que uno se topa y poca la que rescata. Meta cata para querer salvarse. Pensé un naufragio pero no lo anoté y me olvidé. Imaginé una charla de mate, pero me explota el balero y, en el juego, la soga tropezó con la realidad. Cayeron la gota color tinto y la ficha de un dolor distinto. Las historias de la red social nunca terminan, es agotador. El mozo retiró los individuales y el malbec invitó plurales. Pido disculpas por mi cariño severo, me esmero pero no siempre llego. También pido otra botella y brindo por un rato de eternidad. Quizás un propósito es el propio sitio. Tal vez tu norte queda al sur y es un despojo. Sé que mi enojo es siempre efímero, un estornudo de ansiedad, un espasmo de histeria, casi nunca miseria. Se fue el vino y volvió mi cabeza abstemia. Temía que pasara y sucedió. Llegó la cuenta y el vuelto de vida me dejó saldo a favor. Husmeó la muerte con fervor, pero propina en mano dijo hasta luego apurando un saludo con su sombrero. Más dejó una sentencia de vida: “a veces no quedan más veces”. 


QEPD