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Sábado de lluvia


 




Aburrido y sin ruido. Al amparo de un faro y su luz, empero el sábado me pone un pero. Estaba entre la pared o la espada e hice mi jugada. Nunca me salió blindarme y rezarle a una Jesucrypto. Entre el ahorro y el horror, le escapo al calor y prendo un porro. ¿Quién colabora cuando uno se cansa de ayudar..? En la caravana de la soledad no encontré a nadie. Queda la búsqueda en bus, porque el autoconocimiento se mueve en coche. La noche es el día a la sombra y el Salmón te canta verdades crudas. Yo paso del sushi. Fui y volví con las canciones: maduraron las letras y se pasó la sopa. Entre alergia y alegría llega la primavera. Si hay fotosíntesis hay video. Y entonces también hay sol. Pienso que estoy con poco foco y una suerte de muerte. Pasó una semana y el clima verifica el título, pero el rótulo de los males personales sigue en la mochila del alma, que viaja sin mapa ni calma. Pero uno va al choque y discute a los gritos con sus sueños, en esa postergación del yo que procrastina más que la deuda externa argentina. Que nunca falten las metas en servilletas. Porque a fin de cuentas, aunque el número no cierre, siempre van a estar los amigos, el fútbol y los perros.


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Razones

 

Los padres no siempre tienen razón, pero sí varias razones. Hay marcas del pasado y motivos para el futuro que dejan un presente de interpretación y tránsito lento. Se vive el momento y se posterga el propósito. Cito aquí al pensador Homero: no se puede “rockear” por siempre, maestro. Cuando la tormenta es larga, uno sigue la huella, la abraza: ¿Pero porque el camino es bueno o mayor seguridad? Y en sequía, sin ese rastro… ¿Vamos con más convicción? ¿Extrañamos? Sí. ¿Pero el dibujo en el piso..? No sé. Hay padres que nos enseñaron a manejar: con palanca al volante, con paciencia, palanca al piso, con gritos, sin levantar la voz, como pudieron. La docencia no es moco de pavo. Ya ni sé si hay más autos que padres a la fecha. Algunos hasta armaron el vehículo con sus hijos; ahí ya sin importar los kilómetros, las prestaciones y qué sé yo, aparecieron unas mañas más duraderas. A veces los trucos para vivir hacen la diferencia. A veces no, me animo a decir que casi siempre. Porque cuando te enseñaron muy bien a andar por el barro, seas 4x4 o 2+2, las tormentas ya son mucho más relativas, casi pintorescas. La transmisión de conocimiento puede venir en frasco de repetición incansable, a fuerza de tomas diarias, ó, también, en un tratamiento presentado, conversado, pactado y dosificado en magníficos encuentros. Creo que ninguno es mejor que el otro, por aquello de las razones. Hay rituales, hay ceremonias, hay rutinas, hay detalles, hay gestos, miradas, sonidos, colores, olores y un sinfín de guiños para que cada quien, a su modo, recuerde a su primer maestro. 





 

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Vino

Vino el vino y nos fuimos con mi cabeza. Una copa y otra. Es mucha la gente que uno se topa y poca la que rescata. Meta cata para querer salvarse. Pensé un naufragio pero no lo anoté y me olvidé. Imaginé una charla de mate, pero me explota el balero y, en el juego, la soga tropezó con la realidad. Cayeron la gota color tinto y la ficha de un dolor distinto. Las historias de la red social nunca terminan, es agotador. El mozo retiró los individuales y el malbec invitó plurales. Pido disculpas por mi cariño severo, me esmero pero no siempre llego. También pido otra botella y brindo por un rato de eternidad. Quizás un propósito es el propio sitio. Tal vez tu norte queda al sur y es un despojo. Sé que mi enojo es siempre efímero, un estornudo de ansiedad, un espasmo de histeria, casi nunca miseria. Se fue el vino y volvió mi cabeza abstemia. Temía que pasara y sucedió. Llegó la cuenta y el vuelto de vida me dejó saldo a favor. Husmeó la muerte con fervor, pero propina en mano dijo hasta luego apurando un saludo con su sombrero. Más dejó una sentencia de vida: “a veces no quedan más veces”. 


QEPD


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…Y LA VIDA

Otra vez en el viaje de vivir salgo a la ruta. Compañía 7 estrellas, vacaciones pagas y descanso híbrido all insclusive. Radio Continental, desayuno a la altura y piletas para ir y venir en largos sanadores. Todo a nivel del mar, del mal y amor. En el fondo estamos solos, en un desierto de gente. Entre mates y metas, me propuse correr. Fallé olímpicamente y no me dieron medalla. Pero también propuse correrme y ahí sí gané, pero tampoco me dieron medalla. Compré unas lecturas de esas rápidas de playa en mesas con caballetes a precio módico. Lo cómico es que acopio y luego leo al 23 por ciento. Pero siento que leí. Y lo que perfectamente capté, o sea leí entre líneas como se dice, fue que el corte de luz se llevó la señal de internet pero dejó una más contundente: desenchufarse, hacer un corte y reciclarse energéticamente.


La escala fue Dolores, en la paradoja de alivianar todo lo que nos dejó doliendo el año de la segunda docena. Prueba superada. Y el cuentakilómetros siguió envejeciendo mas nos trajo a un fabuloso bosque de majestuosa altura y seductora luz. Con más o menos monedas en el bolsillo, las vacaciones siempre son una aventura que amerita ser contada y vivida al máximo. 


La segunda señal la trajo el mar en un revolcón de ola mal cortada. Me parece una obviedad y un desafío por partes iguales: lo que me pasa mucho es que el Cuqui de toda la vida tiene 43 años y el Cuqui papá sólo 3… entonces discuten un montón, con Emilia en el medio, que cree que el tema es con ella y no. Y es inaudito pero abriendo la puerta de las vacaciones dibujé un cv porque se vé que el tema me interesó así que voy a aplicar para esa búsqueda. 


En lo que a todo lo demás respecta, la sensación es que me quedé en Pampa y la vida.